Hace un tiempo que vengo observando como las capas más conservadoras de la sociedad se radicalizan. Éste fenómeno en expansión es algo generalizado en los países desarrollados.
Históricamente, cuando las clases medias y bajas terminan aburguesándose y aceptando valores de clases sociales más altas, terminan por perder un criterio reivindicativo, el cual siempre había sido signo de identidad de la sociedad obrera.
Pues bien, a pesar de sentirme crítico con la idea de que en pleno siglo XXI sigan existiendo clases sociales divididas por insalubres capas económicas o normativas, considero un error que se determinen o se acepten valores negativos en la sociedad que provengan de sectores que históricamente han tenido el mundo a su favor.
Es por éstos motivos por los que la sociedad se aleja de una reivindicación activa y termina adecuando modelos de sociedades infundadas en el conservadurismo más rancio.
El racismo, en un hecho palpable tanto como la patología nacionalista. Resulta cuanto menos incongruente que las clases más contrarias al nacionalismo regionalista español terminen exprimiendo ideas nacionalistas españolistas con imposición de barreras humanas inmateriales. Y es que, ellos mismos que abogan por un capitalismo xenófobo basado en la globalización, terminan cerrando puertas a los que no son de aquí, o de allí, como si el hecho de haber nacido en un lugar nos hiciera dueños de esa tierra.
El racismo infundado es el racismo que utilizan medios conservadores, tanto medios de comunicación como políticos, para atentar a la sociedad difamando información. Y es que “el sur humano, es el único animal que le tiene miedo a su misma especie”.
La bonanza de un país puede medirse en escalas sociales migratorias. Cuando ciudadanos menos desfavorecidos invierten su vida en un lugar ajeno a sus raíces emigrando, lo hacen presuponiendo que el Estado que recibe la inmigración mantiene índices económicos positivos. Cuando en un Estado se utilizan medios abogando por una supuesta inseguridad ciudadana en contra de aquellos que buscan una tierra donde echar raíces, no significa que un Estado mantenga índices económicos negativos, si no que es irremediable que ante el miedo de lo desconocido, los que han tenido siempre el juego democrático a su favor utilicen las fórmulas más rancias y conservadoras para infundar el miedo y el racismo, y de paso, ganar votos.
Sin duda, ésta no es la magia de la democracia que hicieron iguales y libres a los ciudadanos de un Estado.
Antonio Ligero.
Espero de todo corazón, que los Reyes Magos os traigan vuestros mejores deseos.







