Pues parece ser que sí. La legislatura del Gobierno de España a manos del Partido Popular duró ocho años en los que Jose María Aznar reinó con su corte siempre a diestro, con consecuencias siniestras, en los que visitó en dos ocasiones la ciudad del norte de África.
Pasados unos días de las repercusiones del conflicto Marroquí-Español en la ciudad Autónoma de Melilla es hora de hacer balance. Conflicto, que bajo mi punto de vista no sólo repercute al Gobierno de España, como ente soberano, sino a la Unión Europea, porque hablamos de un país fronterizo a España, y también a la UE, y de igual modo, uno de los países con mayores relaciones políticas, económicas y comerciales con la organización Europea.
Finalmente, por muy europeísta que me sienta, siguen existiendo temas que en ocasiones al grupo de los veintisiete se les escapan, y por ahora Marruecos sigue siendo uno de ellos. (Al fin y al cabo, resulta lógico que yo tampoco conozca el conflicto de la raza saami o Pueblo Lapón entre Finlandia y Rusia). Por tanto, como es inevitable, el papel de España en estos conflictos es totalmente fundamental. Creo que las diferentes cumbres Españolas-Marroquíes y viceversa en los últimos años dan unos frutos bastante satisfactorios para el buen funcionamiento de ambos Estados.
El papel de Miguel Ángel Moratinos siempre ha sido fundamental en este tipo de conflictos, y normalmente, hemos salidos mucho más airosos que con las diplomáticas y no vinculantes reuniones de los Jefes de Estado.
A pesar de la situación de la ciudad de Melilla, y de los comerciantes marroquíes, considero que no ha existido ninguna controversia de mayor envergadura, y no por tal situación estoy desmereciendo al conflicto, simplemente sólo hay que observar la situación de la hermana Ceuta, donde el hecho no ha tenido mayor repercusión y el comercio ha tenido el mismo empuje que semanas anteriores en el periodo estival.
El papel del Ministro del Interior ha jugado un papel igual de fundamental en esta ocasión que el de Miguel Ángel Moratinos. Y es que considero que a veces, entre los diferentes ministerios sociales, y los de repercusión económica, olvidamos sin duda a uno de los ministerios con mayor presencia dentro y fuera de nuestro Estado. Se ha de elogiar de igual manera a Alfredo Ruíz Rubalcaba, la visita inminente a Rabat, que acabó con la idea inexistente de una crisis bilateral entre ambos países. Por tanto, creo que la problemática es otra mayor. Desde hace unos meses, los medios de comunicación comienzan su “batalla electoral”. Medios de comunicación, que desde mi punto de vista, cada vez resultan menos plurales, informativos u objetivos, dando lugar a una lista de medios totalmente partidistas, sensacionalistas y basureros.
Y ¿qué ganan los medios con estas repercusiones mediáticas tan sensacionalistas? Está claro, que fuera del mundo económico, los medios de comunicación no ganan nada. Pero sí el respaldo político que a los mayores medios de tirada nacional les interesa. Tanto es así que sólo hay que seguir la misma noticia en los diferentes medios. Es por eso, que la visita de Aznar en los medios sólo tiene un sentido, el electoral.
José María Aznar, visitó en dos ocasiones la ciudad autónoma de Melilla, una como presidente del Gobierno en su primera legislatura. En la segunda, lo hizo como máximo representante del Partido Popular para intervenir en un mitin electoral en 2004. Y es que la presencia de Aznar en Melilla, se produce a ocho meses de unas elecciones municipales que pueden cambiar el mapa político de este país. Pero que bien es sabido, son el anticipo de muchas elecciones regionales y de unas no muy próximas, pero ya en campaña, Elecciones Generales de 2012. El poco tirón de Mariano Rajoy, al frente de su partido, la crisis interna que éste vive, y las desavenencias regionales entre sus propios líderes, hacen que una personalidad simbólica del Partido Popular salga a la luz al aliento de los de su ideología.
Recordemos, que el Gobierno de Aznar, nos sumergió en varias de las mayores crisis bilaterales más grandes de las últimas décadas con el Estado Marroquí. Como fue el conflicto del Islote Perejil, que más lejos de una simple anécdota del colonialismo del siglo XXI, terminó siendo un problema de Estado, de tal problemática que se indujo a que el interviniese el Ministerio de Defensa.
Y me pregunto ¿Deslealtad? Pues está claro. Deslealtad, no sólo al equipo de Gobierno de España, deslealtad a todos los ciudadanos que un 9 de marzo decidimos cuál sería la fuerza política que queríamos que nos representase. En ciertas ocasiones, he entendido que no siempre el pueblo elige, como los hechos ocurridos en 2003 de espaldas a la ciudadanía, ahora, con siete años de margen, entiendo que no a todo el mundo puede gustarle tanto la magia de la democracia como a mí.
Lamentablemente, mientras los comerciantes marroquíes exclamaban por sus aranceles, miles de personas en el sur de Córdoba, mi tierra, veía como sus sueños se terminaban por la fuerza del agua en una sola noche. Tres fallecidos, pérdidas materiales, personales y pérdidas comerciales que ya se sitúan en los 300 millones de Euros. Eso sí, estamos de vacaciones, y queramos o no, hasta septiembre no va a empezar la lucha electoral municipal para que Rajoy, Arenas, Nieto, y por supuesto, Cabello de Alba, salgan a la luz. Se me olvidaba que ahora no hay ninguna sede que inaugurar, ni ninguna copa de vino fino que tomar.
Antonio Ligero.






