
Tierra de sueños y anhelos, tierra de cultura y folklore, tierra sometida durante años al yugo de la servidumbre y de la subsariedad, tierra que se ha construido así misma gracias al trabajo de sus mujeres y hombre. Esta es la historia de nuestra Andalucía, esfuerzo y superación que, un 28 de febrero la situaban en la vanguardia del diseño de Estado que conformaba la Constitución de 1978.
Ser andaluza o andaluz es mucho más que un gentilicio, es un sentimiento de pertenencia a una comunidad, nunca excluyente y siempre dispuesto a compartir. Se trata de un estatuto de derechos y deberes que identifican a un pueblo con la tierra a la que ama. Seamos o no Andaluces, Andalucía nos quiere.
Hace una treintena de años desde que nuestra Comunidad consiguió acceder a la autonomía por la vía que diseñaba la Constitución en el artículo de 151, y hoy, nuestra Comunidad es una tierra de oportunidades y futuro que se sitúa en la punta de lanza de las políticas sociales, así como de la innovación y del desarrollo en Europa.
La universalización de la educación para todos/as las ciudadanas andaluzas y el fin del analfabetismo que había perseguido a nuestros abuelos y abuelas, un servicio de salud moderno y garantizado que apuesta por la asistencia y la investigación, sin olvidarnos de la red de carreteras, ferrocarril e infraestructuras que unen a las ocho provincias de Andalucía y que facilitan la movilidad de quienes se acercan a nuestra tierra, han cambiado la imagen de Andalucía y nos han convertido en una comunidad de primera.
Aún nos quedan retos por conquistar, hemos de apostar por un modelo económico basado en la excelencia tanto educativa como formativa que nos permita articular nuestro crecimiento en el desarrollo sostenible. La crisis ha desechado la cultura del ladrillo y ha roto con la especulación y el liberalismo sin control ni límites. Nosotras/os hemos de ser los primeros que apostemos por la iniciativa y el emprendimiento que, como hicieron nuestras madres y padres enriquezca a nuestra tierra.
Andalucía nos quiere sin tener en cuenta que vivamos aquí o fuera de ella, si nacimos aquí o llegamos por el devenir de nuestra vida. Para Andalucía sus hijos e hijas, son todas y todos aquellos que han trabajado y que trabajen por ella allá donde se encuentren y, que siempre llevan en su corazón el sentir de una tierra luchadora que, ante todo, apuesta por la ciudadanía.
Antonio Ligero.







