Se acerca el 38º Congreso del Partido Socialista Obrero Español en el que se designará al nuevo/a flamente Secretario/a General.
Ni mil militantes de unos 250.000 decidirán por el resto cual será el futuro común. Y es que si en democracia el voto no fuese directo y universal, los ciudadanos volveríamos a inundar las calles pidiendo más realidad democrática. Análoga situación a la existencia de mayor “realidad orgánica” dentro del PSOE.
Esos casi mil militantes debatirán dos textos, uno sobre la ponencia programática (ideología) y otro sobre el funcionamiento orgánico de la organización (estatutos), que nacen de prácticamente los mismos delegados. El resto de los militantes se encargarán de enmendar ambos textos que tendrán que pasar la friolera de tres filtros territoriales hasta llegar a poder ser debatidos. Todo ésto en caso de que los mismos sean aceptados por los ponentes en las ponencias. Por tanto, cuarto filtro. Todos ampliamente subjetivos.
Después de ese debate, delegados de militantes elegirán entre aquellos compañeros con avales y recursos mediáticos suficientes para ostentar la secretaría general. Olvidémonos del año 2000, donde un desconocido consiguió la secretaría general. Nada tiene que ver la situación de hace 12 años con la actual. Ni las formas, ni mucho menos el fondo es el mismo. Pero hasta ahora, los delegados elegirán entre una opción u otra previsiblemente. Es decir, como si de una merienda se tratase, se elegirá Oreo o Chips Ahoy.
Respetable decisión por su parte, pero más que cuestionable. Puesta la previsibilidad de que sólo sean dos los candidatos, y que ambos sean Alfredo Pérez Rubalcaba o Carme Chacón, ¿a quién elegir?
Mi postura es clara: a ninguno ¡por supuesto! ¿Por qué no elegir a ninguno? En primer lugar porque creo en el socialismo como movimiento ideológico que nace de una base social obrera. Para mí la regeneración del socialismo español debe nacer de las propias bases, de todos aquellos ciudadanos que crean en los principios que mueven el progreso. La dirección se muestra con una línea recta bidireccional, no en forma de triángulo.
En segundo lugar, porque a pesar de ser dignos candidatos y más que afortunados compañeros, han tenido total legitimidad como miembros un consejo de gobierno de las amplias decisiones que se han llevado a cabo en el ejecutivo. Hablo entonces de reforma laboral de 2010, la no reforma de la ley electoral, la no reforma de la ley de libertad religiosa, la actitud de Antonio Camacho al frente del Ministerio del Interior, la reforma constitucional, la actitud del gobierno ante el mercado privado, la no reforma de la ley hipotecaria, el indulto a Alfredo Sáenz y un largo etc. Es por ello, que creo realmente en una regeneración política del socialismo, y creo fielmente que ambos ejemplos no representan lo que el PSOE debe ofrecer como ideología, como partido a la ciudadanía.
No me cabe la menor duda, que uno u otro, van a intentar mejorar el funcionamiento orgánico del PSOE, y que incluso el PSOE va a dar un cambio ideológico sin precedentes volviendo a encontrar su cauce tras la deriva. Pero de lo que no estoy tan seguro es que lo vayan a conseguir.
Yo mientras tanto intentaré que mis propósitos ideológicos para el socialismo del siglo XXI pasen la gran mayoría de los filtros orgánicos.
Para finalizar, está claro que entre galletas siempre preferiré las segundas (las a mi juicio menos malas). Tanto Oreo como Chips Ahoy me parecen galletas de segunda, diferenciadas por puro marketing. Yo seguiré apostado por las “María” de toda la vida, que al menos todas son iguales.
Antonio Ligero.






